
Y el momento, después de tantísimo tiempo, al fin llegó. El momento largamente esperado durante muchos años, concretamente los doce que han pasado desde que salió a la luz una de las traducciones de videojuegos más ansiadas de la historia. Porque siempre he pensado que cada juego tiene su lugar idóneo en el tiempo, Mother 3 llega a las páginas de El Pequeño Rincón de los Grandes RPG precisamente porque este era el momento en el que más necesitaba su presencia a nivel personal, necesitaba que una época tan dada a los recuerdos y a la nostalgia como es el final del verano tuviese su color, sobre todo tratándose de un año tan fatídico en tantos aspectos como el que vivimos. Las incontenibles ganas y emoción por adentrarme en él me han traído muchos sentimientos como alegría, creación de grandes expectativas o melancolía anticipada. Pero ha habido uno que, antes de todos ellos, se hizo mucho más presente en el momento de la verdad: miedo. Miedo a la decepción a pesar de todo, miedo a que emocionalmente no fuese una continuación digna, y también miedo a que el paso del tiempo haya cambiado mi percepción sobre la esencia de la saga y su forma de transmitir.