miércoles, 22 de marzo de 2017

Final Fantasy III (Famicom)

La NES fue la consola que tuvo el enorme privilegio de correr en sus circuitos la magia de los tres primeros capítulos de la saga Final Fantasy. Sin embargo, la grandeza de sus inicios fue parcialmente eclipsada por el incomprensible hecho de que tan solo el primer capítulo logró traspasar las fronteras del lejano oriente (y con un retraso enorme), convirtiéndose casi inmediatamente en un clásico atemporal. A partir de ese momento, muy pocos jugadores pudieron continuar siguiendo la estela a la serie de Hironobu Sakaguchi, sin traducciones y con las escasas posibilidades de importación en aquella época. Un año tuvieron que esperar los americanos (y con una Super Nintendo en sus manos) para poder disfrutar de otra entrega en su idioma. A los europeos todavía nos quedaban muchos, demasiados años, hasta que Final Fantasy VII se posara aquí. Sin embargo, si hay una entrega absolutamente imprescindible en los comienzos, una experiencia que no se debe perder nadie, esa es sin duda alguna Final Fantasy III. Pero cuidado, hablamos de la tercera entrega real, no de la sexta, que por ser la tercera en orden de llegada a los Estados Unidos, se le llamo también FF III y continúa existiendo mucha confusión al respecto.

Hablo, pues, del juego original (no interesan los refritos) que llevó a la saga un paso más allá, más lejos, más alto que ninguna otra hasta ese momento, pero también de una de las partes más olvidadas e infravaloradas. Vivir la evolución de los tres primeros juegos es algo básico, imprescindible, porque es pura historia de este mundillo, y nadie debería resistirse a llegar a la cúspide de la mano de esta tercera entrega, que ensalza hasta límites insospechados las virtudes de las dos anteriores, y por otra parte, cuida muchísimo más los fallos o aspectos más
flojos. El ABC de los RPG, el espejo en el que muchos se han mirado después y por extensión, todavía continúan haciéndolo, ya que las innovaciones y sorpresas de este Final Fantasy le dieron una buena bocanada de aire fresco a la saga cambiándola para siempre y también dejando una poderosa huella en posteriores RPG. La primera vez que lo jugué ya tuve esa impresión, pero años después, la sensación es todavía mayor, más entendida y valorada con la experiencia que
da el tiempo. Para aquellos no iniciados, yo recomiendo, como no, empezar por el primer título y seguir el camino natural, aunque atendiendo al sentido común, este Final Fantasy III, por su historia, equilibrio general, variedad y calidad merece ser disfrutado sin demora para comprobar la cantidad de sensaciones y la homogénea intensidad de juego de la que era capaz una NES. Habiendo probado ya lo más florido de la 8 bits de Nintendo, os aseguro que pocas
experiencias le hacen sombra a la de este juego. A pesar de su complejidad en otros aspectos respecto a sus predecesores, el primer motivo por el que recomendaría jugarlo antes es por el radical cambio en su nivel de dificultad. De la agobiante y traicionera presión del primer juego pasamos a la malsana, oscura y enfermiza dificultad de Final Fantasy II, capaz de desesperar al más pintado, despiadada y maligna, que incluso me dejó cierto sabor agridulce. Pero en esta tercera parte, las nubes se disipan notablemente. Los programadores levantaron
bastante la mano con este tema, y adentrarnos en una mazmorra o caminar por zonas desconocidas, habiendo entrenado lo suficiente, ya no tiene que significar forzosamente la muerte casi inmediata. El margen que se nos permite es mucho mayor, y el juego, de alguna manera, nos advierte con ciertos detalles sobre si debemos continuar o no por una determinada dirección antes de aniquilar a nuestros personajes (y a nuestra paciencia) con malicia.

Ni que decir tiene que llevar el nivel de nuestros personajes a la orden del día y dedicar muchas horas exclusivas a combatir sigue siendo absolutamente imprescindible, pero en esta ocasión se nos permite hacerlo a un ritmo mucho más coordinado con el propio avance de la historia. Ahora tenemos, también, muchas estrategias distintas de las que valernos, más magias y posibilidades, en las que juegan un papel fundamental los jobs. En la primera entrega (de forma mucho más limitada) ya pudimos ver algo parecido: oficios que poder desarrollar en cada
uno de los personajes con características, técnicas y atributos propios, pero Final Fantasy III lleva el concepto hacia una variedad y una profundidad maravillosas, dignas de un juego de otro sistema superior. Hablar de la friolera de 22 jobs no es precisamente moco de pavo. Conforme nuestros personajes vayan desvelando el misterio de los cristales, estos se irán añadiendo a nuestra lista, aportando una variedad de posibilidades que multiplica por 100 las del propio juego. Algunos
de ellos nos harán la vida más fácil, otros, porque no decirlo, no sirven de gran cosa, y solo unos pocos serán estrictamente imprescindibles para avanzar por ciertas zonas del juego. Estos, a su vez, también influyen mucho en la dificultad que el juego nos impone, ya que esta ahora no solamente se basará en la fuerza bruta, en acabar luchando contra monstruos desesperadamente superiores a nuestros personajes, sino que ahora nos insta a buscar la manera de atravesar ciertas zonas, imposibles a priori, pero con al menos una forma exitosa de
completarlas. La imaginación que tuvieron al ingeniar ciertas partes supera a la mala baba que estas pueden llegar a tener. Sin embargo, que nadie se equivoque, esto sigue siendo 100% Final Fantasy, sigue siendo 100% JRPG, pero con muchas más posibilidades. No es un cambio, es una evolución en la que la originalidad y la creatividad juegan fuerte, sorprenden y agrandan todavía más la capacidad de atracción que el juego tiene sobre nosotros. Las magias han
aumentado notablemente en cantidad y en efectividad. Por suerte, en esta entrega se ha olvidado el absurdo sistema que consistía en que, cuanto más utilizabas una magia, más crecía el nivel de esta. Ahora la evolución tiene una curva mucho más normalizada, y el proceso para conseguir nuevas magias es, sencillamente, comprarlas. A parte de la experiencia ganada por cada uno de los personajes, existe el atributo Skill, exclusivo de cada job en cada personaje, y
que por suerte crece relativamente deprisa. Muchas de las armas que se pueden conseguir son exclusivas de cada oficio, pero si equipamos a cada uno como es debido, será útil desde el mismo principio. Otra enorme mejora hace referencia a las subidas de nivel, que por fin se hacen de notar, sin tener que estar días y días peleando para ganar 10 míseros puntos de ataque / defensa, lo cual es un alivio inmenso.

Bien es sabido que los RPG en 8 bits nunca llegaron a alcanzar gran profundidad emocional, y menos si hablamos de un Final Fantasy, que en sus inicios eran bastante sobrios en este aspecto. Sin embargo, puede que en el desarrollo se nos sorprenda con algún momento más sentimental, como la pérdida de algún personaje, o la desesperada lucha de un pueblo en ruinas, que empujan a continuar con más fuerza. Encontraremos a ciertos personajes que seguirán nuestro camino hacia su propio destino, con los que llegaremos a crear bastante empatía,
aunque no precisamente por los diálogos, que tampoco es que sean el fuerte del juego, sino por su carisma. En ningún momento se pretende ocultar la simplicidad de la historia: un gran terremoto ha hundido gran parte del mundo habitable, y la razón es la desaparición de los 4 cristales de la luz. El equilibrio entre luz y oscuridad se encuentra en su peor momento, y solo los caballeros de la luz serán capaces de devolverlo. El poderoso mago Noah legó su poder a tres eruditos: Unne, Dorga
y Zande. Este último, descontento con su parte, renegó de dicho poder, creando el suyo propio: algo devastador y oscuro, que debe ser neutralizado por nuestros héroes con la ayuda de los cristales para evitar que la nube oscura devore la poca luz que queda en el mundo. Puede sonar a argumento manido, y no deja de serlo, pero posee ciertos detalles que a veces le dan ciertos rodeos a la historia para su mayor duración y disfrute. En realidad, en este sentido Final Fantasy III es una vuelta a los orígenes, a la magia, a la fantasía más pura, siendo una opción perfecta
para quien quiera evadirse en sus mundos, alejándose de la a veces excesiva seriedad y realidad que reina en los RPG más actuales. Parajes diseñados y puestos en escena de una forma fantástica, muy superior a anteriores entregas. Podremos apreciar detalles gráficos más avanzados, mayor variedad en texturas y diseños, y un colorido más amplio y agradable, tanto, que a veces nos hacen olvidar las limitaciones de la consola, que juega incluso con algunos degradados (al
tanto con los agujeros dimensionales del final). Las mejoras abarcan prácticamente todo el apartado gráfico, exprimiendo las capacidades de la NES y creando ambientaciones formidables, agobiantes en ocasiones, mágicas e idílicas en otras. Sin ir más lejos, 22 diseños distintos para cada job, más los personajes que se unen a nosotros, más los múltiples habitantes de las ciudades… y no solo eso, también los enemigos han sufrido un cambio tremendo, repitiéndose mucho
menos y asombrándonos con nuevos semblantes llenos de detalles. Evidentemente las animaciones son muy reducidas, pero el tamaño de algunos es colosal, ocupando toda la pantalla. Especial atención, como no, al final boss, con un diseño espectacular, superior a muchos de los que podemos ver en una consola de 16 bits. Los sitios más toscos siguen siendo las mazmorras, y aun así están llenas de lagos, recovecos con encanto, estatuas… en fin, todo tipo de
elementos que las hacen mucho más entretenidas visualmente. Y por último, decir que su extensión, su gran número de pueblos, la envergadura de sus planicies a campo descubierto… garantizan una duración considerable, y poco a poco podremos movernos en distintas naves que facilitarán nuestro recorrido, hasta 5 medios de transporte distintos, todo un despilfarro.

Con tanto avance, no os sorprenderá ya que os hable sobre la calidad y variedad de todo su apartado sonoro, pero es mi obligación recomendar, como siempre, la escucha atenta y calmada de los cortes que componen su banda sonora. Nobuo Uematsu, una vez más, se hace de notar, y dota a cada una de las composiciones un aire muy propio, ese sentimiento tan inconfundible que sabe transmitir de forma tan directa. Épica y más épica, la fantasía más descarada
inunda cada momento que vivimos en este particular mundo, sea en un castillo, donde se busca esa parte más “noble” y distinguida, o en los pueblos, donde se torna más melódica y apacible, con esas líneas más dulces que son marca de la casa. Lejos de poseer todos la misma, podremos encontrar gran número de composiciones dispersas, y os aseguro que hay unos cuantos pueblos para visitar. Cambio
radical en cuanto nos adentramos en alguna de sus laberínticas mazmorras. Aquí la tensión se masca, el peligro se hace patente a través de intensas notas musicales, todas ellas cargadas de dramatismo, y para variar, encontraremos un buen número de estas. El juego no se conforma con asaltarnos con hordas de enemigos, sino que además aumenta la presión gracias a sus composiciones. Algunas recuerdan a otras anteriores, y me parece extraño que más de una no se haya reaprovechado en
posteriores entregas, porque calidad y personalidad tienen de sobra. Incluso en algunas estancias, podríamos decir que Uematsu le sacó provecho a la relativa monotonía de los tonos de la NES para crear ambientaciones hipnóticas, como en el palacio del agua, mientras paseamos rodeados de fuentes y columnas. Por supuesto, continuaremos disfrutando del Prelude, del
tema de los chocobo y, como ocurría en el anterior Final Fantasy… ¡¡otro fragmento de El Lago de los Cisnes de Tchaikovsky!! La colección de sonidos FX también ha sido incrementada, tanto, que llegan a aportar mucha vida en ciertos momentos. Aplausos, fanfarrias por doquier, pianos, caídas, explosiones o el embriagador sonido del mar en nuestras travesías complementan perfectamente este apartado, y le dan mucha más vida.

Pieza esencial y magistral que combina lo mejor de las dos primeras partes, y piedra angular real de futuras entregas, no puedo dejar de recomendar Final Fantasy III a cualquier jugador, sea experto o no, guste más o menos de los RPG, porque en él encontrará una maravillosa y muy atractiva aventura, larga, variada, con situaciones interesantes, y con toda la fantasía que pueda imaginar: princesas,
castillos, magos, dragones, hechizos… elementos que, por mucho que se utilicen, nunca dejarán de encandilarme. La dificultad sabe ponernos en nuestro sitio, pero en esta ocasión, aprieta pero no ahoga, castiga pero no de forma tan agónica como la de anteriores juegos. Sin embargo, siempre encontraremos lo que yo llamo “sorpresas de muerte”, así que avanzad con mil ojos. Para mí, es la experiencia definitiva de Final Fantasy en NES.

- Lo Mejor del Juego: La variedad de escenarios es magnífica, igual que su diseño. Su dificultad, ahora sí, es ideal. La ambientación sonora en general. Los dos últimos jobs son una bestialidad.

- Lo Peor del Juego: El limitadísimo espacio del inventario. Algunos jobs son prácticamente inútiles. Existen zonas que matan sin el más mínimo aviso.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Si no recuerdo mal el job de caballero cebolla era el mas simple y luego cuando tu nivel ascendia bastante se convertia en el mas poderoso y luego habia tambien el equipamiento cebolla que era de los mas poderosos.gran juego este.para mi el mejor ff de entre los 3 primeros..y gran analisis por tu parte

JaviMetal dijo...

El Onion Kid es el job básico con el que empiezas el juego. Puede equipar gran cantidad de armas, pero sus habilidades son limitadas, igual que sus atributos. Realmente, no es que evolucione, sino que el juego nos obsequia con nuevos jobs que son el equivalente pero mucho más poderoso.

Completamente de acuerdo, de lejos, el mejor de los tres primeros Final Fantasy. ¡Gracias por leerme!

Master Trueno dijo...

El 3 el mejor de los 3 primeros sin duda alguna y con los jobs te puedes formar un equipazo mejor que el madrid y el barça XD, fuera de bromas uno de los mejores incluso lo he rejugado varias veces tanto en nes y sus remakes.

te aconsejo el alcahest ya que es un action rpg que seguro te gustara para la snes, te lo recomiendo ya que no he visto analisis.

salu2

Master Trueno dijo...

también history of thor para megadrive estos 2 son recomendadicimos.

JaviMetal dijo...

Conozco ambos sobradamente, lamentablemente aun no ha llegado su turno para jugármelos. Le tengo especiales ganas al Story of Thor, en cuanto lo pueda conseguir original lo analizaré a fondo.
El Alcahest fue una obra muy menor en Snes, pero tiene sus cosas interesantes, este sí lo probé hace mucho tiempo.

Master Trueno dijo...

Javi sigue así que este blog cada vez me gusta mas.

JaviMetal dijo...

¡¡Muy agradecido!! Eso se intenta, mejorar un poco cada día :)

Un saludo.

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