jueves, 31 de julio de 2014

The Legend Of Zelda - A Link To The Past (Super Nintendo)

Si ya de por sí me ha sido complicado a veces sintetizar, ordenar y plasmar las innumerables y profundas huellas emocionales que han dejado en mí las grandes obras maestras del género RPG que más me han marcado, especialmente aquellas que pasaron por mi consola favorita, como Chrono Trigger, Earthbound o Terranigma, hoy me encuentro, después de bastante tiempo, frente a frente con los créditos finales de un juego que pertenece y casi encumbra ese selecto grupo. The Legend Of Zelda – A Link To The Past, se escribe con letras de oro de muchísimos quilates dentro de la historia de los videojuegos, acompañando a Super Nintendo en su más tierno amanecer para mostrar al mundo las maravillas que Shigueru Miyamoto y su equipo podían conseguir en la nueva y flamante, por aquel entonces, máquina de Nintendo. Desde su primer capítulo, la saga pudo ser disfrutada en todo el mundo, pero fue con este tercero cuando la saga dio un salto impresionante no solo en cuanto a su calidad, sino también refiriéndonos a su popularidad. Pero no solo ocupa un lugar importante en la evolución de la serie en general, también llena un gran espacio en mi corazón y, no me cabe duda, en el de todos aquellos que, como yo, tuvieron la suerte de crecer con esta brillante joya, de descubrirlo y degustarlo poco a poco en su adolescencia, conservando todavía unos recuerdos casi indescriptibles de esa magia que fue capaz de introducir en nuestras vidas.

Estoy seguro que algo se le ha movido en su interior a más de uno al ver la primera pantalla que acompaña estas líneas, algo que da señas de que es imposible que este juego te deje indiferente. En realidad, A Link to the Past no llegó en toda su plenitud hasta mí en su fecha de lanzamiento, sino unos años más tarde. En mis más tempranas experiencias con él, curiosamente, no llegó a enamorarme, no fue ese el momento en que los RPG pasaron a ser parte de mí. Pero cuando
pude jugarlo y terminarlo en toda su extensión, su espíritu se apoderó de mí de tal forma que hasta día de hoy siempre le dedico sus correspondientes horas año tras año. Es difícil saber con exactitud cuantas veces habré disfrutado de sus parajes, de sus secretos y de su imborrable esencia. Pero aunque parezca mentira, sí que conservo momentos en mi memoria de todas y cada una
de las veces que este juego ha pasado por la ranura de mi Super Nintendo. Porque algunos de ellos, como la turbulenta noche donde todo empieza, en la habitación de nuestro héroe sumida en el silencio de la noche, con un manto de oscuridad envolviéndolo todo y solo el perturbador sonido de la tormenta mientras Link escucha por telepatía la voz de Zelda pidiendo ayuda… es sencillamente insuperable, un comienzo desconcertante salvo por lo explicado en la intro,
pero aun así con una fuerza que te hace vibrar. Lo mejor de todo es que, partida tras partida, parece imposible pensar que ya han pasado más de 15 años desde aquella vez que me conquistó para siempre, pues cada nueva experiencia con él, a pesar de conocer al dedillo su mapeado, escenas y secretos, sigue siendo igual de excitante y adictiva. Después de bastante tiempo alejado de él, me ha parecido oportuno elegir el verano, estos días calurosos y nostálgicos,
como entorno para volver una vez más a mi tierna y despreocupada infancia, para volver a recorrer sus fantasmagóricos bosques, su apacible pueblo y reencontrarme con sus pintorescos personajes, porque es algo necesario para mí cada cierto tiempo, algo que su propia esencia me obliga a repetir y que, sorprendentemente, cada vez toma un color, algo que muy pocos pueden estar orgullosos de conseguir.

Desde un primer momento, aunque no sea algo demasiado notorio, se nota que este capítulo de la leyenda de Zelda está ligeramente más basado en un argumento que los dos anteriores. No es que posea una solidez que lo pueda englobar entre las grandes deidades del género, pero está más trabajado y tiene más vertientes, incluso en esta ocasión son dos los principales entes malvados que harán la vida imposible a Link mientras recorre y desvela los
entresijos de, por primera vez, dos mundos paralelos en un mismo juego. Dos realidades opuestas pero de algún modo relacionadas, dos caras de la moneda que nos transportan de un verde y luminoso Hyrule, lleno de florecientes praderas, exuberante fauna y flora y alegres paisanos a un decadente y oscuro mundo rodeado de un halo de misterio y oscuridad, tenebrosos bosques y grises parajes en donde la muerte ha plantado su semilla. De los ríos más azules a
un tenue ambiente que en ocasiones roza el surrealismo. En cuanto tengamos los objetos necesarios, podremos cambiar a voluntad de uno a otro, por lo que la extensión del cartucho se duplica en cierto momento dado, regalándonos un mundo completamente distinto que podremos (y deberemos) recorrer con la misma atención y énfasis que el primero. Para dar un valor diferencial a cada uno de ellos, los programadores no dudaron en dotarlos de una
personalidad fuera de toda duda, cambiando no solo la ambientación general y los personajes, sino también sprites, caminos a recorrer e incluso la banda sonora, en la que también se aprecia claramente esa dualidad de luz y oscuridad. Al contrario de lo que sucedía en los dos primeros juegos de la saga, el mapeado aquí está abierto casi completamente desde un principio, con lo que podemos realizar una exploración prácticamente completa, quedándonos
con los lugares más llamativos que sabremos que habrá que visitar en más de una ocasión. Pero solamente con el descubrimiento de ciertos objetos podremos ir abriéndonos paso a través de esos lugares que se nos resisten, una verja, una piedra, un agujero… algo que crea a la par irresistibles sensaciones de misterio y de entusiasmo por descubrir que se oculta más allá, y que siempre ha sido la piedra angular de todo Zelda que se precie.

Todo es más moderado en esta tercera parte de la saga, y adaptado a los tiempos que corrían. Los objetos clave, aunque no estarán ocultos con tanta malicia como en los dos primeros juegos, no son gratuitos, y nos mantendrán muchas horas pegados al mando, maldiciendo y explorando rincones deliciosamente escondidos para dar con ellos. Con su obtención, las posibilidades se abren considerablemente, y renace la impaciencia por volver a visitar sitios
a los que antes nos estaba vetado el paso. Se puede entender que la exploración es algo absolutamente esencial para el progreso, para encontrar esos objetos – llave, pero también para descubrir con asombro aquellos con los que uno no cuenta, que aparecen como la mayor de las sorpresas en el lugar menos imaginado. Es otra de las principales fuerzas de los Zelda, el no poder hacerse ni la más remota idea de lo que uno encontrará al atravesar las puertas de una tenebrosa gruta, al poner una bomba en una pared agrietada o al abrir un
inquietante cofre: es el factor sorpresa, algo en lo que Miyamoto siempre ha sido un verdadero maestro inigualable. La pieza de corazón que más a la vista está puede ser terriblemente difícil de conseguir, y al contrario, el cofre más inaccesible puede estar en realidad a nuestro alcance con un simple movimiento. Es imprescindible, para ello, contar con una habilidad extra sensible a la hora de recordar y memorizar trozos del mapa, ya que muchas veces los detalles más inesperados contienen la clave de todo, por lo que la
concentración visual debe ser máxima. También se puede extrapolar esto a las mazmorras, especialmente las últimas: un detalle desapercibido nos puede costar horas y horas de deambular desorientados, y os aseguro que su dificultad no es para tomársela a broma, ya que al principio pueden parecer un paseo comparadas con las del primer juego, pero poco a poco empiezan a combinar dificultades y obligándonos a usar con gran pericia varios objetos del inventario.

Observando con cautela todo el aspecto técnico, pocos podrían adivinar que este A Link to the Past fue, inicialmente, un juego previsto para su lanzamiento en la 8 bits de Nintendo. Claro que, con el intenso y deslumbrante lavado de cara que se le dio, es algo casi imposible de adivinar, ya que está a años luz de sus hermanos menores, incluso en cuanto a originalidad. Obviamente, la mecánica está basada en el primer capítulo, esto salta a primera vista, pero
aun así me mantengo en lo dicho, ya que la cantidad de novedades que incorporó le dieron un aire totalmente renovado, ampliando distancias incluso en mayor medida de lo que lo hacen los títulos más recientes. Quizá el mapeado todavía quede algo lejos del mastodóntico plano del Zelda original, aunque juntando el de los dos mundos no le ande a la zaga en cuanto a posibilidades y sobre todo en cuanto a cantidad de misterios y esos simpáticos detalles casi ocultos que refuerzan las sensaciones positivas que el juego es capaz
de transmitir. En cuanto al resto de apartados… es como comparar un avioncito de papel con el mismo “Concorde”. Los gráficos, incluyendo cualquier sprite o detalle que podamos ver en pantalla, fueron totalmente renovados, cubiertos con una refrescante capa de color y brillo. Los primeros pasos que damos en el juego quizá no le hagan del todo justicia, pero poco a poco aparecerán ante nuestros ojos enormes estructuras, una variedad de
terrenos notable y unas animaciones rápidas y dinámicas, un grandioso pueblo llamado Kakariko (os suena, ¿verdad?) y efectos dignos del cerebro de la bestia, como algún que otro polígono y una espesa capa a base de ghost layering cubriendo los frondosos bosques perdidos, utilizados con gran sabiduría y creando unas atmósferas sencillamente mágicas. Pero no me limito a enumerar aspectos puramente técnicos, porque también entra en juego la incomparable imaginación de los creadores a la hora de crear rincones
únicos, con una personalidad arrebatadora, y unas mazmorras construidas a base de rebuscadas estructuras y caminos insondables. Y es que Nintendo en este sentido siempre ha sido invencible, dotando de vida propia a cada una de las cuadrículas en las que se divide el mapa general, incluyendo aquí a todos los habitantes que en él conviven y con los que, por supuesto, habrá que dialogar, algo que en esta ocasión cobra mucha más importancia. Pero no serán los diálogos, aunque sean mucho más abundantes, los que
realmente despierten nuestra vena emocional. A Link To The Past utiliza, como la gran mayoría de secuelas y precuelas, métodos mucho más sutiles para conseguirlo, basados en el misterio y el impacto visual, como las sensaciones de pisar por primera vez el lluvioso y aterrador Pantano del mal del mundo oscuro, el silencioso cementerio o la impracticable montaña de la muerte, junto a la delicada ambientación que proporciona todo el apartado sonoro.

Y es que cuando nos encontramos con el tema que ameniza nuestros paseos por la campiña, podemos disfrutar de una composición más viva que nunca, llena de arreglos y detalles, más suave y melódica, más épica que nunca, y nos invade una sensación aventurera, llena de peligros y emociones. La reacción natural de todo fan de la serie Zelda va a ser la misma en los primeros momentos: dejar pasar el tiempo sin hacer nada, sin mover a Link, tan solo escuchando la poderosa composición y dejando que nos
introduzca de lleno en el mágico reino de Hyrule, que nos lleve de la mano hacia otras melodías como la del pueblo de Kakariko, dulce y armónica, o la orquestada y amenazadora canción del castillo. Si se inspecciona este apartado a fondo, se pueden descubrir auténticas maravillas que en un principio pasan desapercibidas por su sutileza, como la magnífica ambientación del santuario o el alegre tema de los bosques. Incluso hasta la banda sonora se ha llevado con absoluta maestría ese drástico cambio entre el mundo de la
luz y el de la oscuridad. El más notable de ellos, el cambio del tema principal de Hyrule por el de la tierra oscura. Grandes composiciones, utilizadas en capítulos venideros, nacieron aquí, en Super Nintendo, por lo que volver a escucharlas de nuevo y con más experiencia, puede suponer algún que otro escalofrío de nostalgia, embarcándonos una vez más en otro maravilloso viaje atrás en el tiempo.

A pesar de ser uno de los primeros grandes juegos de Snes, posee también un envidiable elenco de efectos sonoros que coexisten con la música en perfecta armonía, de gran calidad compositiva e imaginativa. Por ejemplo puedo poner el sonido de nuestra espada al cortar el aire: por mucho que lo escuchemos siempre será un placer, pero también los retumbantes pasos sobre el agua en las cuevas, los ecos, las gallinas, las cerraduras… todo ello salteado con las clásicas fanfarrias que anuncian un momento importante. El perfecto control sobre Link en 8
direcciones, mucho más cómodo, eficiente e intuitivo que en anteriores ocasiones y su ampliada lista de habilidades y nuevos movimientos, como correr, nos permiten empezar a disfrutar de esta maravillosa aventura desde el primer segundo sin demorarnos mucho en el aprendizaje, algo que, para una experiencia que tiene tanto y tan bueno que ofrecer, se agradece de sobremanera.

- Lo Mejor del Juego: La magia Zelda elevada a su máximo exponente. Aspecto brillante y definido. El magistral trabajo de Koji Kondo. Innumerables y entrañables secretos.

- Lo Peor del Juego: El pitido cuando escasea la vida. Algunos secretos son imprescindibles y… cuestan muchísimo de encontrar para novatos.

8 comentarios:

Marcos dijo...

Muy buenas tus reseñas javi hace mucho tiempo k las sigo y esta es la primera vez k comento me gustaria preguntarte algo cuales son los mejores rpgs con nota 10 k has jugado en mi caso sin duda alguna son Terranigma como no jaja tales of phantasia xenogears me encanto la magnifica historia y el ocarina of time no puede faltar xD
saludos !

JaviMetal dijo...

¡Hola Marcos! Antes que nada, muchas gracias. Te podría confeccionar una lista que sería interminable, incluso un top 100 jajaja. Pero para más comodidad para ambos, te remito a una sección del blog donde tengo hecho un top 10 de los mejores RPG que he jugado en mi vida. Entra aquí y al final de la página lo verás. ¡¡Un saludo y gracias por leerme!!

http://javimetalrpg.blogspot.com.es/p/acerca-de-mi-y-de-los-rpg.html

Link96 dijo...

¡Hola Javi!

Como de costumbre, una reseña excelente de un juegazo.
Si me permites hacerte una pregunta acerca de las traducciones y las diversas versiones del juego, ¿crees que la traducción de la versión de GBA hace justicia respecto a la original, así como en el aspecto jugable, o quizá traducciones no oficiales son más fieles?

¡Gracias!

JaviMetal dijo...

Hombre, ¡qué tal!

Pues muchísimas gracias. La verdad es que juegos tan especiales como este para mí hay muy pocos y he intentado plasmar en unas pocas líneas (el texto original era el doble de largo jeje) lo que me lleva transmitiendo durante muchos, muchos años. Pues es una pregunta complicada, no sabría muy bien respondértela porque no he jugado a ninguna otra versión o parcheo del juego, siempre lo tuve original. Respecto a la versión GBA, supongo que te refieres al Four Swords. El aspecto visual no está mal, es bastante original, pero prefiero mucho antes el original. De todas formas, sé que rondan traducciones a varios idiomas del original.

Gracias a ti por leerme, un saludo.

Firewings 07 dijo...

Gran reseña como siempre. Te comparto una anecdota personal, siendo creo que la segunda vez que jugue Zelda desde la original SNES, empezando una nueva partida, se me formo un recuerdo memorable, pues siendo aprox. las 3 de la tarde de un viernes empezaba a correr mi juego cuando empezo a llover muy fuerte, sensacion que vino completamente en el momento ideal con el inicio del juego, la ambientacion fue perfecta, y me ayudo mas a sentirme inmerso en el juego, que juegos, yo siento que estos juegos pueden darte una experiencia cercana a leer un buen libro, pues alimentan tu imaginacion (en este caso por las limitantes del hardware) y te crean momentos epicos que dificilmente puedes explicar

JaviMetal dijo...

Gracias de nuevo. Siempre he pensado que cuando la realidad acompaña aunque sea con un sencillo nexo a las sensaciones que estás viviendo con un buen juego (a mí me pasa lo mismo también con la música, por ejemplo) se convierte automáticamente en un recuerdo imborrable. Es curioso que compartas este recuerdo, ya que a mí me sucedió algo similar precisamente con TLOZ - Ocarina of Time, en el momento de lluvia en el cementerio, con la silenciosa calma que invade el lugar, el sonido del agua al caer se mezclaba con la tormenta que caía en esos momentos. Todas y cada una de las veces que lo vuelvo a jugar, me vienen a la memoria esos instantes que pasan a ser parte de la propia experiencia.

Yo incluso iría un paso más allá en esa afirmación, creo firmemente que la experiencia con un buen RPG puede equipararse de igual a igual con un buen libro, ya que aunque posea entorno gráfico, despierta tu imaginación de forma que tu mente aporta una gran parte de las sensaciones que ya de por sí el juego te hace sentir. Al fin y al cabo, este género siempre está basado en su propia historia más que en cualquier otro aspecto (concretamente los JRPG).

peta dijo...

posiblemente mi pecado como jugador es jamas haberme pasado ni este zelda ni el de gameboy, ya me toca solucionarlo jeje

JaviMetal dijo...

Ambos son auténticas maravillas a las que yo considero dos de los mejores juegos para dichas consolas en general. Altamente recomendables, pero particularmente este A Link to the Past, una experiencia casi obligada para cualquier jugador, sea amante en concreto de los RPG o no. Desde aquí te animo a terminarlos :D

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