sábado, 29 de julio de 2017

Inindo - Way of the Ninja (Super Nintendo)

Esta claro que, en algunos sentidos, no aprenderé nunca. Creo que a veces soy una persona demasiado orgullosa, y esta misma condición me ha llevado a enfrentarme por tercera vez a una de mis grandes pesadillas hechas videojuego, quizá la mayor de todas ellas, conocida como Inindo: Way of the Ninja. Es, sin duda, el primer título en mi lista de “nunca más”, ya lo fue la primera vez que me enfrenté con él, y se reafirmó en la segunda. De esto han pasado ya muchos años y a pesar de mis auto-advertencias y malos recuerdos, he vuelto a caer en su dolorosa trampa, pero esta vez, siguiendo la frase que reza que “a la tercera va la vencida”, por fin he conseguido salir victorioso de esta larga y agobiante experiencia. No sé cuantas horas, en total, le habré dedicado a este Inindo, desde luego muchas más de las que merece, pero la inquietud por conseguir retos casi imposibles a veces me supera, a pesar de mis pasadas malas experiencias. En cualquier caso voy a intentar ser lo más objetivo posible, ya que a pesar de que es un juego poco recomendable, tiene ciertos aspectos que, de haberse desarrollado correctamente, habrían mejorado notablemente el resultado final.

Koei es una empresa japonesa, actualmente fusionada con Tecmo, conocida especialmente por alguna sagas como Romance of the three kingdoms y sus dinasty warriors, juegos claramente orientados al público japonés al igual que el título que nos ocupa. Menos conocida es su saga histórica, llamada Rekoeition series, de la que Inindo: Way of the warrior fue la tercera entrada (allá por el 1991, bajo el nombre de Super
Inindou Datou Nobunaga cuando fue lanzado en Japón). Una serie de juegos que ponen sobre el plano nombres, años y datos reales (como la distribución y nombre de las provincias y de los clanes que practicaban el arte de la guerra oriental). A su vez, Inindo es un spin-off de una prolífica saga que cuenta hoy en día con alrededor de 15 partes, aunque bien podría haber sido uno de los capítulos principales. Los inicios
de la compañía datan de finales de los años 70, toda una cifra, pero nunca ha destacado especialmente por la calidad de sus creaciones y no obstante, la única a la que he jugado no dice demasiado en su favor. El juego nos sumerge de lleno en el Japón de finales del siglo XVI, centrado en la historia del glorioso y legendario señor feudal Oda Nobunaga, una importantísima figura en la historia del país, culto, gran estratega y maestro militar, reconocido como uno de los tres unificadores del Japón. La
trama nos sitúa justo en el inicio de su campaña para aniquilar por completo al clan de ninjas Iga, acción que terminó por diezmar el número de estos: muy pocos fueron los que consiguieron escapar y refugiarse en otras provincias. Nuestro protagonista es uno de esos supervivientes. El marco histórico es apasionante, especialmente si uno es conocedor de la época. Y para el que no lo sea, no está de más leer y buscar algo de
información sobre estas figuras y sucesos, ya que ayudarán enormemente a meternos de lleno en la historia que cuenta el juego. Ayudado por varios sabios contrarios a los procedimientos de Nobunaga, nuestro rebelde ninja tendrá que superar varios templos de entrenamiento, a cada cual más retorcido en dificultad, para conseguir el poder necesario para invadir y acorralar a aquel que soñaba conquistar el país entero.

Nos encontramos ante un producto 100% japonés que ofrece pocas concesiones y atractivos para otros mercados. En cuanto a su historia es obvio después de lo descrito, pero su procedencia y su modelo de creación alcanza a todos los aspectos técnicos, empezando por la banda sonora, completamente imbuida de espíritu oriental. Con ella nos transportaremos a aquel Japón de daimyos y shogun, a aquella disciplinada cultura
tan localizada. Lo cierto es que, especialmente en los pueblos, cumple su objetivo de hacernos sentir como si hubiésemos viajado siglos atrás a aquellas tierras de ninjas y samuráis. El tranquilo ritmo de sus melodías, sus pausadas notas y sus instrumentos tradicionales crearan una ambientación que conseguirá relajarnos por un corto espacio de tiempo, hasta que distintos factores rompan esa paz y la conviertan en puro
nervio y odio conforme avancemos en el juego. El acompañamiento de la intro, por ejemplo, es perfecto para ambientar la historia que se nos narra, mientras aparecen imágenes históricas. Comparada con otros apartados técnicos, su calidad resalta en cuanto a su sonido, bastante conseguido y relativamente fiel a los instrumentos originales. Añadámosle algún toque extra de épica por aquí, y algunas guitarras
eléctricas por allá (estas si que suenan horriblemente mal) y el abanico de composiciones adquirirá más color y variedad. Incluso ya llegando al final, descubriremos nuevas composiciones, algunas de ellas bastante interesantes y hasta disfrutables. No todas las músicas son lentas, encontraremos ritmos rápidos, especialmente en algunas partes de ciertos templos o en las batallas, cuya música
acabaremos aborreciendo cuando llevemos tan solo unas horas de juego. Pero que nadie se haga ilusiones, ya que su banda sonora tampoco es la quinta esencia de la Super Nintendo. Puede tener cierto valor al conseguir una buena atmósfera, ya que absolutamente todo tiene toques orientales, pero termina fallando y aburriendo por repetitiva y por el escaso número de temas. A partir de aquí, y salvo contados aspectos o detalles, todo va en caída libre y sin frenos.

Al contrario que otros juegos basados en el personaje de Nobunaga, nos enfrentamos a un RPG puro y duro, con un ligerísimo añadido de estrategia que apenas aportará nada al jugador. Comenzamos en la aldea hogar de los ninja Iga, y poco a poco iremos progresando por los distintos lugares de entrenamiento para perfeccionar nuestras artes. El principio tampoco es especialmente maligno. Como en todo buen RPG, los primeros niveles irán cayendo a base de unos cuantos combates. Más
adelante, tendremos que sudar tinta para ir ganándolos, pero la curva (insisto, al principio), no está del todo mal diseñada, y con unas cuantas horitas dedicadas exclusivamente a luchar, alcanzaremos un nivel digno que nos permitirá avanzar sin demasiados sobresaltos. Hasta aquí, lo normal, comprar nuevas armas, armaduras y objetos de apoyo e ir matando enemigos sin parar. Al mismo tiempo y de forma paralela, al paso de cada mes (el tiempo corre en el juego) el juego recargará las estrategias, y podremos ver como regiones y ciudades son invadidas, entran en
guerra, unos daimyos contra otros y cambian de gobernador conforme avanza la guerra, que tiene en la figura de Nobunaga el máximo exponente de poder y ambición. Sin embargo, en cuanto este ha conquistado gran parte del país y vamos llegando a los últimos templos, situados en el corazón de la zona dominada por el gran guerrero, los problemas empiezan a ser demoledores. Hasta ese punto, solamente habíamos de sortear algún combate ocasional en campo abierto y la
relativamente comprensible dificultad de los laberintos… pero poco a poco la cosa se va yendo de las manos, hasta llegar a un punto de absoluta locura, incomprensible, insoportable, un tormento absurdo y desquiciante que ha logrado ponerme la tensión por las nubes, hasta el extremo de que he pensado en abandonarlo en varias ocasiones. En campo abierto, y esto lo digo de forma 100% literal, acabaremos sin poder dar ni un paso (a veces ni 5 segundos de reloj) sin que nos aceche alguno de los enviados de Nobunaga. Espías, caza recompensas, asesinos a sueldo, bandidos,
ladrones… toda una manada de personajes insufribles que acabarán convirtiendo nuestro caminar en una oscura pesadilla sin límites. Podría ser pasable si, gracias a esto, consiguiéramos aumentar nuestra experiencia o llenar nuestras arcas, pero no es así, ya que no obtendremos nada remotamente valioso. Pero es que, además, moverse por el mapa, que es un verdadero laberinto de cordilleras, ríos y verjas, es completamente insoportable. Perdidos, con bandidos acechando cada cinco segundos, la sensación de desorientación y desespero irá aumentando
exponencialmente. Al final, ya no podremos refugiarnos en ningún sitio. Ya sea al despertar en los hoteles, o al salir de cualquier lugar, encontraremos un nuevo combate. Y repito, no sirven absolutamente para nada sino para convertir la experiencia en algo muy desagradable que roza lo enfermizo. Por mucho nivel que consigamos subir, el juego no tiene piedad alguna, ni la más mínima mesura en cuanto a su furiosa dificultad. No obstante, conseguí llegar al final de los dos últimos templos escapando de todos los combates. Aunque este desboque de
dificultad ocurra de mitad hacia adelante, es algo que mancha totalmente las pocas virtudes que se pueden extraer del juego y ensombrece severamente el resultado final. Las cavernas son laberintos infernales saturados de enemigos brutalmente fuertes. Cada combate “simple” nos podrá llevar en los últimos compases unos 10 minutos, y dejarnos casi al borde del cero absoluto en cuanto a vida, magia y víveres. Para colmo, es muy fácil desorientarse debido a su monotonía gráfica.

Los años pesan demasiado sobre este Inindo, al margen de que fue un juego originalmente concebido años antes para sistemas bastante inferiores al cerebro de la bestia. Se nota en muchos apartados, pero destaca especialmente en su paupérrimo apartado gráfico. Si estuviésemos hablando de un juego de NES sería mucho más condescendiente en mi reseña, pero aun así seguirían siendo unos gráficos flojísimos.
Si no viésemos en qué sistema lo estamos jugando o emulando, podríamos jurar que son gráficos de una generación anterior. Los sprites son irrisoriamente diminutos, tanto que no hablamos ya ni de detalles, ni de animación, sino de un tamaño tan ridículo que no vale la pena ni mencionar el resto. Por supuesto, las animaciones son muy tristes y robóticas, y apenas hay movimiento en pantalla. Gran noticia
sería el hecho de que a lo largo del amplio mapeado podamos encontrar la friolera de más de 30 pueblos distintos y encima con sus nombres reales… pero esto queda en agua de borrajas cuando todos parecen diseñados con los mismos cuatro sprites mal contados, todos con los mismo colores, los mismos personajes, las mismas edificaciones… vamos, que es casi imposible distinguir unos de otros, son fríos y
desangelados, sin un solo rinconcito con encanto a parte de su recreación del ambiente oriental. Los enemigos parecen estar mal diseñados adrede. Ridículos, minúsculos, con un trazo horrible, sin ningún carisma ni gracia, con un colorido mustio y aburrido… al menos no se repiten excesivamente (cosa extraña), pero con su desmadrada frecuencia de aparición, llegaremos a odiar a todos y cada uno de ellos. Tan solo salvaría de la quema algunos decorados y contados diseños.

Podremos reclutar distintos compañeros (imprescindible) y elegir entre magos, samuráis, espadachines, ronins, ermitaños… aunque al final todo queda englobado en cuatro grupos distintos, con sus posibles armas y magias. Al menos tenemos variedad para elegir, y cada uno de ellos presentará unas posibilidades de empatía distintas con nuestro protagonista. Los toques de estrategia de los que hace gala el
juego son muy reducidos, pero en cierto modo son interesantes y podrían haberlo sido mucho más. Podremos visitar los castillos de cada una de las ciudades y conversar con los señores feudales, ofrecerles regalos para ganarnos su confianza (algo fundamental para realizar conquistas) y convencerles para que ataquen o saboteen regiones vecinas, con lo que conseguiremos el dinero.

El proceso es torpe, lento y poco intuitivo, solo con mucha constancia y sabiendo donde y cuando acudir conseguiremos nuestro objetivo: abrirnos paso hasta el castillo Azuchi donde Nobunaga esperará su propia muerte, algo por otra parte casi imposible. Sin las técnicas, el nivel y los trucos apropiados nunca podremos superar las inhumanas y devastadoras cuatro últimas luchas por lo que, como no le deseo a nadie el tormento que he pasado yo, y aunque va un poco en contra de mis principios daré unos consejos útiles: deja la parte de los daimyos para el final, ni te molestes en empezar antes. Nunca tienes suficiente experiencia. Descárgate el
mapa que te enlazo abajo: no desvela nada y será una ayuda impagable. Y para el más inminente final, unas palabras fundamentales “en clave”: MIKAWA -> MINO y BOMBAS SOMNÍFERAS. Si no, aunque superes el desquiciante tedio de los combates, la lentitud de los menús, el arcaico control… etc. y llegues al final (o mejor dicho, a los finales, ya que según tengo entendido, hay dos de ellos), no conseguirás terminarlo jamás.

- Lo Mejor del Juego: El marco histórico es bastante realista y fiel, y el mundo ninja a la fuerza es apasionante. La parte estratégica es interesante, aunque debería haberse desarrollado más. Al menos, es fácil escapar de las batallas.

- Lo Peor del Juego: El asalto masivo de combates es tan exagerado que se torna insoportable hasta ponerte histérico. La dificultad se desboca en los últimos templos. Gráficos y sonido muy pobres.

Descárgate aquí el mapa del juego.

6 comentarios:

Pablo Fernández dijo...

Entiendo tu punto de vista de querer superar los juegos clásicos rpg abarcando lo máximo posible de este hermoso género, pero lo que no logro comprender es invertir cantidad de horas en algo que no vale la pena en absoluto como es en éste caso. A mí si una película no me engancha no la termino, si un libro no lo hace tampoco, y en el caso de un rpg menos, dado la cantidad de horas que hay que invertir. Creo que jugar videojuegos siempre, siempre, debe ser un placer, más allá de que haya momentos que nos gusten menos que otros. Y otra cosa, un juego es desafiante cuando tiene dificultad acompañada de creatividad, no cuando todo pasa por cargarte miles de veces enemigos a los que ya has vencido, eso es absurdo y es, para mí, una mala ejecución y falto de creatividad. La dificultad en un rpg debe estar planteada en probar muchas posibilidades para vencer a un enemigo o mazmorra, y no por el hecho de estar horas y horas aburriéndote con batallas tediosas, repetitivas. Eso no es reto, es sólo tener constancia y paciencia. Y la pregunta que siempre asoma ¿valió la pena invertir decenas de horas en ésto cuando podría haber probado otra cosa más? Un saludo, siempre es un lujo leer tus reseñas.

JaviMetal dijo...

¡Hola Pablo!

Pues no le falta razón a tu planteamiento, no lo voy a negar. Sin embargo, como digo, soy muy cabezota, y era una espina que tenía clavada desde hace mucho tiempo. La otra era Romancing Saga 3, que también este año, a la tercera ha ido la vencida. Era más cuestión de orgullo que de otra cosa.

El tema de las luchas nunca me ha molestado en exceso. Considero parte fundamental de un RPG el hecho de dedicarle tiempo exclusivamente a subir de nivel, y no es nada que me moleste en absoluto. Me encanta escribir sobre juegos, y lo hago con toda la pasión sea cual sea. Una de las cosas que más odio de este mundillo es cuando gente escribe reseñas sin haber terminado el juego, así que como digo, aunque solo fuese por principios, tenía que hacerlo, a sabiendas de que me iba a costar sangre, sudor y lágrimas. Ya se trate de un libro, película o videojuego, es casi imposible que llegue a dejar algo a medias, por muy malo que sea. Cuestión de mentalidad jeje. Por supuesto que podría invertir el tiempo en algo mejor, pero era su turno y le ha tocado, mis planteamientos son así por muy extraños que puedan parecer: si no me gustara pasar horas combatiendo, no me gustarían los RPG. De hecho, como explico, al principio el juego lleva un ritmo dentro de lo normal, muy exigente, pero sin ahogar. Pero en cierto momento, la cosa se va de las manos, sobre todo por los cientos y cientos de batallas inútiles (en las que no ganas ni experiencia ni dinero) que te asaltan inevitablemente.

¿Valió la pena? Pues depende, el juego es flojo en la mayoría de sus aspectos, pero la satisfacción personal de haberlo "derrotado" por fin, para mí, no tiene precio y supera todo lo malo.

Gracias por tu comentario, un saludo.

Pablo Fernández dijo...

Bueno, yo tengo pensado en algún momento ponerme con el Romancing Saga 3, pero dada tu reseña quizá me pase algunos rpg antes que ése porque veo que está duro. La diferencia es que con Romancing Saga 3 esa dureza puede estar compensada con una buena historia, jugabilidad, gráficos y música, que hace que valga la pena invertirle horas. De cualquier modo, el encare de estos juegos duros es dedicarle meses jugando regularmente, y no varias partidas de largas horas, que es lo que pasa con los que realmente enganchan. Lo que me cuesta es jugar dos jrpg a la vez, como que necesito acabar uno para empezar el otro. Por lo general juego cosas distintas como para variar. Un saludo.

JaviMetal dijo...

Hombre, desde luego Romancing Saga 3 está a otro nivel muy superior técnicamente hablando, su dificultad radica en que al tiempo que tus personajes suben nivel, los enemigos también lo hacen, incluso dentro de la misma mazmorra, algo poco habitual, y de forma exponencial y muy exagerada. Pero es un juego muy bonito a nivel visual, sonoro, y puedes elegir varios personajes distintos. Yo por norma general les dedico, siempre que puedo, rachas de 3 o 4 horas diarias seguidas. Lo que no puedo, ni quiero, ni hago jamás es jugar a dos RPG simultaneos. Cuando juego a un RPG quiero empaparme de toda su esencia, concentrarme al 100% en su historia, música y gráficos y poder apreciar así todas sus cualidades. Con dos a la vez, es como mezclar sentimientos de ambos, y es algo que odio. A veces, entre uno y otro si que cojo algún plataformas, shoot'em-up, beat'em-up... etc. para espaciarlos un poco, pero otras veces empalmo 5 o 6 seguidos sin problema.

Un saludo.

europeanstrike dijo...

Lo que siempre me hecho para atras con este juego es que tiene un limite de tiempo para terminarlo. Eso unido a que el juego es complejo,con muchas opciones y detalles siempre conseguian disuadirme. Y por lo que cuentas en tu analisis el juego es ademas cruel con los encuentros enemigos...en fin. No creo que toque este juego en mucho tiempo,muchos titulos van por delante.
Como siempre enhorabuena por la paciencia,buen analisis.

JaviMetal dijo...

¡Muy buenas!

En cuanto al límite de tiempo, no te preocupes por eso ni de lejos. Yo me lo tomé con mucha calma, apenas utilicé el teletransporte, y con todas las luchas y subidas de nivel, apenas llegué a utilizar una quinta parte del tiempo que se te da. Pero en cuanto a lo demás... francamente, con la de grandes RPG que hay... no vale demasiado la pena. El marco histórico es interesante, pero poco más. En cuanto a opciones, tampoco tiene demasiadas.

¡Gracias! Un saludo.

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