miércoles, 9 de noviembre de 2016

Dragon Warrior (NES)

Como podéis comprobar por el corto espacio de tiempo entre la publicación de este y mi anterior análisis, el Romancing Saga 3, poco ha durado este Dragon Warrior en la pantalla de mi televisor, esta vez sí, vía emulador. Unas, calculo yo, 20 o 25 horas como mucho, realmente cortas, pero bien jugadas y ampliamente disfrutadas. Ya tuve el lujo de terminar, hace muchos años, el remake que se hizo para Super Famicom, que aunaba en un solo cartucho las dos primeras partes de esta saga (en orden de aparición, que no cronológico), con un sugerente lavado de cara, muchos cambios en su estética y algún retoque en su mecánica, pero manteniendo en todo momento la esencia del original. Aquel análisis nunca fue publicado (tal vez algún día lo revise), pero pensé que, si de alguna forma tenía que entrar esta saga por la puerta grande de mi blog, era con el primer y genuino Dragon Quest de NES. A los no iniciados, que no os engañe el título de cabecera: Dragon Warrior es el nombre que se le dio a la saga principal en Norteamérica, seguramente pare evitar trifulcas legales, donde fue distribuido por la propia Nintendo, en lugar de por Enix, que fueron quienes lanzaron el cartucho en Japón.

Dragon Warrior / Dragon Quest es, como concepto, sinónimo puro, directo e inseparable del género RPG. Solamente por esto, ya me llena de orgullo haberlo degustado y estar presentándolo en estas páginas, ya que sin él, quien sabe por qué derroteros hubiese evolucionado este género tan adorado por mi y por tantos miles de fans en todo el mundo. Sentó las bases, creo el concepto dentro del mundo de los videojuegos (no de los RPG de tablero, evidentemente) e introdujo muchísimos elementos que siguen perdurando a día de hoy. Dicen las malas lenguas, incluso, que Final Fantasy copió descaradamente muchas de estas particularidades y se llevó el gato al agua en el tema de la fama y el reconocimiento, algo que desafortunadamente sucede en casi cualquier
ámbito del arte en general. Sin embargo, cierto es que Dragon Quest hizo su aparición unos meses antes. Tomando en perspectiva la historia, no se puede comparar el éxito de ambas franquicias en lo que al mundo occidental compete, pero la cosa es muy distinta en Japón, donde el juego es considerado casi un símbolo de cultura popular nipona, por no hablar del lucrativo merchandising que ha generado en todo el planeta desde su salida. Por supuesto, ha dado pie a muchos spin off que con el tiempo se han convertido en saga propia (desde Fushigi no dungeon hasta Monster battle road), aunque muy pocas hayan salido de aquellas tierras. El manga o el más
conocido anime que aparecieron a raíz de él son tan solo otra anécdota más en su dilatada expansión. Sea como sea, nos encontramos ante el punto de origen, la semilla plantada por Yuji Horii hace nada menos que 30 años, a quien seguimos debiendo el respeto de haber creado un fenómeno tan extenso y fructífero, que transciende su propia leyenda y sigue dejando su huella hasta nuestros días, todavía de su propia mano como guionista.

Pero vamos ahora a adoptar una visión mucho menos global y trascendental para centrarnos en lo que su contenido puede ofrecer a aquellos valientes que osen enfrentarse a esta leyenda hecha videojuego, y no hablo de los múltiples refritos y remakes que se han hecho de esta primera parte, y que abarcan prácticamente cualquier sistema existente. Todos sabemos que, al ponernos cara a cara con un juego de NES, y más si corresponde a sus primeros años de vida, vamos a encontrar muy pocas cosas amables en cuanto a dificultad y comprensión. Por el
contrario, también podemos imaginar que la simpleza en su desarrollo, además de en sus apartados técnicos, va a ser una constante segura. Y precisamente es eso lo que andaba buscando cuando me puse con él, algo que me alejara de la tormentosa marea de cifras, datos y posibilidades de mi anterior elección, resguardarme en su sencillez y en la apuesta segura de su linealidad sin aparentes sorpresas ni trastornos, una mecánica llana y simple, un solo personaje, y un argumento tan clásico como épico, que supuso en su día un soplo de aire fresco para este mundillo, tanto en su concepción como en su presentación. Malvados
dragones, princesas,, orbes de luz, castillos, espadas, magia… todo es, muchos años después, predecible y manido, pero como en otras cosas de esta vida, hay que saber dejarse llevar sin dejar de soñar y volver de la mano de este Dragon Warrior a aquella mágica época que fueron los años 80, disfrutar de una aventura que apostaba descaradamente y sin tapujos por la épica de un mundo a tope de fantasía, y que aprovechaba cada uno de estos elementos de la forma más deliciosamente simple y directa. Junto a Yuji Horii, encontramos a las otras dos piedras
angulares en la creación de tan magna aventura. Por una parte el archiconocido Akira Toriyama: sobran las presentaciones, tan solo explicar que fue él quien diseñó el artwork del juego, incluido el conjunto de los enemigos que encontraremos y, a pesar de las limitaciones técnicas de las que hace gala el juego, se nota a la legua su mano cada vez que entramos en una batalla: los lobos, los esqueletos y sobre todo dragones tienen esa luminosidad y ese carisma de todos y cada uno de sus dibujos. Probablemente, sea de lo mejor del apartado gráfico de Dragon
Warrior, que no ostenta precisamente unos sprites o unas localizaciones especialmente vistosas. Incluso para las entrañablemente limitadas capacidades de la consola, Dragon Warrior presenta un aspecto muy espartano. Otras creaciones para esta misma máquina demostraron que no todo se termina en los 8 o 10 colores simultáneos en pantalla, o que el diseño de los sprites puede ser más elaborado.

En este caso, salvo algún detalle, como la incorporación de la espada o el escudo del héroe cuando los adquiere, no veremos realmente nada que nos llame la atención. El mundo general está formado por varias superficies, como arboledas, zonas yermas, montañas intraspasables o ponzoñosas extensiones, a parte de los iconos que muestran las ciudades y los castillos. El colorido es básico: un solo tono por color y tan solo los habituales, vivos y relucientes, pero muy escuetos y limitados. Vale la pena citar, aunque sea más como curiosidad que otra cosa, que existen notables diferencias entre Dragon Quest y Dragon Warrior. Muchos de los
sprites fueron rediseñados para acercarlos más al público de consola, tanto que resulta muy curioso compararlos, al igual que lo es el hecho en sí de que dos versiones de un mismo juego cambien tanto por el mero hecho de tener distinta distribución, sobre todo cuando no hablamos de violencia u otros factores que sí podrían ser condicionantes para ello. No es la única diferencia, pero hablaré más adelante de ello. En cuanto nos adentremos en cualquier cueva / mazmorra, su condición de subterránea provocará que nuestro protagonista deba alumbrarse con una antorcha o mediante magia. Esta última opción es la más viable, pues
tendremos más espectro de visión y resultará mucho menos agobiante. En cualquier caso, no nos perderemos gran cosa por no ver el entorno de los laberintos, ya que básicamente están formados por suelo de ladrillos y grises muros de hormigón, no demasiado motivadores a la vista. Además, todas poseen el mismo aspecto, por lo que vista una, vistas todas. La repetición abunda por todas partes. Los sprites de los aldeanos con los que tendremos que conversar son poco variados, tan solo 4 o 5 distintos, y esto también se traslada a los enemigos. Si bien antes cantaba
las alabanzas de su diseño, al tiempo veremos que son poco exclusivos, puedes en cuanto cambiemos de zona, volverán a aparecer con mismo aspecto pero más fuertes y peligrosos. Sin embargo, esto es una práctica habitual en los RPG como ya sabéis, y no es especialmente reprochable, ya que la parte positiva predomina. Sin duda, el más grande y bonito de todos ellos es el jefe final, vale la pena apreciarlo.

Las contadas misiones que deberá cumplir nuestro protagonista se suceden de forma lineal, pero es interesante resaltar que, al cumplir una de ellas que creíamos principal, se abre otra mucho más amplia y complicada. En cualquier caso, ya he comentado que el juego peca de corta longitud. He visto en muchos sitios de Internet que se le considera un juego bastante difícil. No es un camino de rosas, pero yo no diría tanto. Desde nuestra salida del castillo de Tantegel (donde viviremos incluso una pequeña historia de amor y será también lugar para salvar partida), tendremos un vasto mundo que recorrer plagado de enemigos
que van creciendo en ferocidad a medida que pasamos a nuevas zonas. Un puente entre dos penínsulas o zonas significa, por norma general, un aumento de dificultad, y este puede ser moderado o bastante acusado. Podemos pasar de tener la situación controlada a encontrarnos con un combate en el que seremos pulverizados con uno o dos golpes, así que hay que tener ojo con esto. El hecho de estar en una mazmorra implica lo mismo, pero con niveles en lugar de puentes, con el agravante de tener que andar con tan solo 2 o 3 líneas de visión por delante. Al principio nos resultará angustioso, y más cuando cada muy pocos
segundos salta a la vista un nuevo combate. El hecho de perderse “sin luz” puede acabar agobiando, pero esto se soluciona pronto con la llegada de cierta magia. Y para el tema de los enemigos y la dificultad en general, como sucede en el 99% de RPG, la solución es bien sencilla: luchar, luchar y luchar hasta tener un nivel digno de atravesar una nueva zona. Es por esto por lo que creo que si dificultad está sobrevalorada; en realidad si no te importa pasar unas cuantas horas dedicadas en exclusiva al combate, Dragon Warrior aprieta, pero no ahoga. Eso sí, es algo fundamental ir siempre equipado con las mejores armas y
armaduras, aunque estas también escasean en la aventura, porque a la fuerza vamos a tener que pelear muchísimo y la frecuencia de combates es demoledora y despiadada. Mi consejo: entre 30 y 45 minutos al día subiendo atributos, y lo demás vendrá detrás alegremente. Nuestro héroe, el legendario descendiente de Erdrick, puede moverse en 4 direcciones y, por medio del típico menú que ha acompañado a la saga en gran parte de su historia, puede buscar, utilizar las escaleras, abrir puertas y utilizar hechizos entre otras acciones como, por supuesto, hablar. Y es que, a pesar de los limitados y a veces simplones
textos del juego, hablar con todos los habitantes para obtener información es algo absolutamente clave, sin lo cual acabaremos perdiendo el rumbo. Al principio resulta algo tedioso el uso de dicho menú, pero es cuestión de tiempo acostumbrarse. Por último, la otra gran diferencia entre la versión japonesa y americana es que (por inmensa suerte) en esta última se puede salvar partida, en lugar de emplear insufribles passwords.

Para el final he dejado a Koichi Sugiyama y su gran trabajo con la banda sonora, una de esas que no deja de resonar en tu cabeza cuando la has disfrutado durante tanto tiempo. No se puede decir nada malo del apartado sonoro de Dragon Warrior. Por una parte, tiene las suficientes melodías como para salir airoso, pero además todas fueron compuestas con mucho gusto. Obviamente, la más conocida y escuchada es la que abre la pantalla de título, un clásico de la saga, que es al juego de Chunsoft lo que Prelude es a Final Fantasy. Se notan mucho los aires épicos y medievales con los que se quiso imbuir al juego. La verdad es que todas casan con su estilo a la perfección, incluyendo algunas composiciones
de tintes más neoclásicos, pura fantasía para nuestros oídos que, por supuesto, sabrán acompañarnos y meternos en el terreno mientras descubrimos nuevas zonas y objetos en esta tierra de reyes, espada y brujería. El juego también goza de un buen número de fanfarrias, y efectos de sonido hay casi a la par que canciones. Bonito detalle el de poder hacer sonar la flauta y el arpa. La perspectiva que hemos de adoptar si queremos disfrutar plenamente de esta pequeña-gran aventura debe de ser más amplia de lo normal. El desarrollo es lineal, el control tosco, los combates constantes y hay zonas un tanto frustrantes. Su
aspecto no es el más atractivo del mundo y la variedad no es algo que abunde. Sin embargo, si realmente se ama el gran mundo de los RPG, terminar Dragon Warrior es algo casi obligado para poder comprender de donde viene todo, para ver con tus propios ojos y sentidos la esencia misma de la épica, de esas grandes y míticas hazañas llenas de magia, imaginación y fantasía que al fin y al cabo, siempre nos han hecho soñar despiertos.

- Lo Mejor del Juego: El hecho de poder morir y no perder experiencia. Los diseños de los enemigos (por Akira Toriyama). Acaba enganchando bastante más de lo que uno cree.

- Lo Peor del Juego: Los interiores de las cuevas son muy agobiantes sin apenas visión. La frecuencia de las batallas es excesiva, y estas son bastante lentas. Una aventura demasiado corta.

6 comentarios:

europeanstrike dijo...

Hay que tener mucha,mucha,MUCHA paciencia para pasarse la version original de dragon quest de nes. La ultima vez que intente jugar a esta version termine dejandolo, creo que de todos los titulos rpg de nes, este debe ser uno de los que peor ha envejecido, para mi es una suerte que los remakes de gameboy y snes sean tan fieles y buenos. Si te interesa un ejemplo de rpg de nes que ha envejecido bastante mejor y es bastante relajado, te recomiendo chaos world, comparte la simpleza de dragon quest en el combate, pero lo expande con algunas mecanicas mas avanzadas e interesantes. Es un rpg que no llego a salir de japon pero cuenta con una excelente traduccion al ingles, para mi la diferencia en contenido es tan grande que cuesta creer que ambos juegos pertenezcan a la misma maquina.
Un saludo.

JaviMetal dijo...

Pues la verdad es que yo tampoco he necesitado mucha más paciencia que cuando terminé el remake de Snes. Simplemente hay que tener en cuenta que el control es más... agarrotado, que los menús son más lentos, los gráficos más primitivos, que la curva de dificultad es un pelín mayor... y poco más. En cualquier caso, siempre, sea el juego que sea, me gusta jugar a las versiones originales, es parte de mis principios. Algún día colgaré el mini-análisis que le hice al DQ Remix.

Conozco Chaos World (aunque nunca lo he jugado), pero igualmente se agradece la recomendación, la tendré en cuenta. Sé que por suerte existe un patch para traducirlo al inglés, así que cuando me anime a disfrutarlo lo tendréis por aquí :)

Un saludo.

Anónimo dijo...

Tu reseñas son magníficas, ya he leído varias recomendaciones y realmente vale mucho la pena probar estos juegos japoneses clásicos que en su época no pudimos probar por la falta de información. Un saludo y suerte con tu blog!

Franco Sanchez dijo...

Jugado y terminado...Me lo devore en tres días jaja...Nose cómo explicar lo que me engancho dragón quest,gracias por la recomendación, en cuanto termine final fantasy 6 que ya llevo mis hermosas 30 horas y lo que me queda porque me he dedicado más a que los personajes tengan todas las habilidades que a la historia en si, seguramente juegue al 2.

JaviMetal dijo...

Sí, pese a su sencillez general, el juego engancha cosa mala. A mí también me pasó. No es que tenga una duración demasiado larga, pero igualmente me lo ventilé en 3 o 4 días. Disfruta y degusta pausadamente de esa maravilla inmortal y estremecedora (de la que deberían aprender muchos de los capítulos siguientes) llamada Final Fantasy VI y después a por Dragon Warrior II, a mí me gustó incluso más que su antecesor.
Y gracias a ti por leerme. Un saludo.

Master Trueno dijo...

La saga dragon quest es tan buena que los final fantasy los dq son mis favoritos la trilogia de zenithya y la de edric que este que as escribo abarca esa trilogía pero hasta el 8 me encantan luego el 9 flaquea un poco para mi gusto, gran reseña/análisis, sigue así tío.

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