miércoles, 26 de noviembre de 2014

Sylvan Tale (Game Gear)

Cuando las esperanzas y expectativas depositadas en un juego durante muchos años después de haberlo conocido no solo se convierten en una positiva realidad, sino que la superan ampliamente una vez llegado el momento de disfrutar con él, podemos hablar de una experiencia realmente placentera y totalmente recomendable como es la que he podido vivir junto a este Sylvan Tale. Y es que hace ya muchos años que “nos conocemos”, concretamente desde que los miembros de Aeon Genesis, allá por finales del año 2001, como ya han conseguido en incontables ocasiones, acercaran al público occidental algo que hasta el momento solo se podía jugar en japonés. Pero como siempre, debido a mi casi interminable lista de RPG pendientes de jugar, no ha sido hasta ahora cuando he podido ponerme con esta pequeña joya y regocijarme con sus numerosas virtudes que me hacen preguntarme, en primera instancia, por qué este Action RPG jamás cruzó las fronteras del país del sol naciente cuando casi cualquier usuario, sean cuales sean sus gustos, puede pasar grandes momentos junto a él. No hace falta tener años de experiencia en RPG, ni ser un fanático del género, ni siquiera tener un alto nivel de inglés. Sylvan Tales ofrece diversión directa entre bosques encantados y mazmorras llenas de fuego y azufre, un cuento de fantasía y magia que nos evade y nos transporta a mágicos y encantadores mundos sin precisar del usuario unas habilidades extraordinarias.

El Action RPG es un sub-género muy poco extendido en las consolas portátiles, especialmente en esta Game Gear. Tan solo unos pocos exponentes son los que representan el espíritu de lucha y aventura sin combates por turnos en la portátil de Sega. Y sin duda, a primera vista, este es uno de los que más llama la atención por su atractivo, refinado y colorista aspecto. Al igual que otros
juegos como la saga Zelda sin ir más lejos, este entra casi de refilón en estas páginas, pues siempre es complicado marcar la línea entre un Action RPG y un juego de aventuras sin más. Pero son ciertos detalles y algunos aspectos de su mecánica los que le otorgan pleno derecho a figurar entre mis análisis. Controlamos a un joven llamado Zetts, con un pasado confuso e incierto cuyo mundo comienza a hundirse entre las sombras de los monstruos que se han hecho
con el control de su totalidad, como si el gran árbol que siempre ha cobijado a sus habitantes y pueblos hubiese perdido su poder protector. Zetts siente la llamada del árbol y una misteriosa luz le atrae hacia él. Allí se encontrará con la semilla de su propio destino: ser el elegido que libere al mundo de Sylvalant de las garras del terror que atenazan todo signo de vida. A pesar de todo, es extraño que
el grueso de la historia, que disipará muchas dudas y aclarará ciertos detalles, se nos cuente casi al final del juego, en una inesperada escena de lo más mística que se convierte en una de las mejores. El argumento en sí mismo no es la parte más importante del juego, dada su condición de Action RPG. Sin embargo, nosotros mismos deberemos ir componiendo la historia a base de encajar las pistas que vayamos extrayendo en los pueblos y en general de cuanto ser
vivo nos crucemos. Esto es muy importante ya que, pese a que su desarrollo no nos dará excesivos quebraderos de cabeza, hay momentos en los que es imprescindible estar atentos a las explicaciones, especialmente al principio, y no solo para obtener nuevos detalles de la historia, sino para resolver puzzles y situaciones que de otra forma resultarían casi imposibles y totalmente abiertos a la inventiva.

El control sobre nuestro protagonista solo se puede calificar de excelente. Es sencillo, dinámico y con una respuesta espléndida, a lo que debemos añadir ocho direcciones de movimiento y buena velocidad de desplazamiento, pudiendo correr y cuando la situación lo requiera, interactuar con muchos elementos del entorno… y todo con tan solo dos botones. Y de momento solo hablo del
manejo de Zetts en su forma principal ya que una de las mayores virtudes que posee el juego es la variedad de formas que puede adoptar este. Gracias a la evolución de nuestra semilla (que no es sino el legado de la tierra de Sylvalant) podremos convertirnos en hasta seis personajes distintos, cada uno con sus propias habilidades de salida y otras tantas que iremos aprendiendo a medida que
resolvamos puzzles y mazmorras. El buen uso que demos a estas personalidades será necesariamente imprescindible para avanzar. El topo destrozará rocas, la tortuga se protegerá de los peligros, la sirena nos guiará por las aguas de este mundo, el ratón tendrá habilidades magnéticas... y alguna que otra sorpresa oculta… abriendo todo un mundo de posibilidades con seis personajes distintos en
uno solo. Las situaciones que encontraremos están perfectamente diseñadas para el uso de cada posibilidad, y cada vez serán más complicadas, sobre todo en los calabozos. Al igual que en cualquier capítulo de la saga Zelda, tendremos a nuestra disposición un mundo casi abierto por el que solo podremos avanzar mediante el aprendizaje. Durante nuestros recorridos por el mapa general en
busca de nuevos lugares, exploraremos todo tipo de paisajes imaginables, desde verdes campos, ruinas o áridos y hostiles desiertos, normalmente con el objetivo de encontrar un nuevo templo en el cual habremos de desvelar un misterio. Los puzzles de sus interiores suelen ser bastante enrevesados, y algunos nos harán pensar de lo lindo, aunque normalmente saldremos airosos con un poco de esfuerzo.

Sin embargo, hay ciertos momentos demasiado aleatorios e implacables en los que quedaremos atascados sin remedio a no ser que seamos unos genios de la deducción. Pero el mundo de Sylvalant es tan bonito, tan naturalista y maravilloso estéticamente hablando que recorrer lugares ya visitados en busca de pistas u objetos olvidados se convertirá en un mal menor mientras
admiramos sus tupidos bosques, sus amplias praderas y en general, su brillante e intenso colorido, que llenará nuestros sentidos de cálidas sensaciones y deseos incesantes de exploración. En este sentido, explota al máximo las capacidades de la pequeña Game Gear, con mapeados bastante grandes y variados, paisajes accidentados que no suelen repetirse en exceso, diseños más que correctos y detallados y un movimiento de pantalla muy suave y dinámico,
pero más allá de aspectos técnicos, todo lugar en Sylvan Tale ha sido creado con un cariño especial que se nota a la legua, con mucho arte y dulzura para que nos podamos sumergir completamente en el cuento de hadas que nos narra. El aspecto del protagonista, curiosamente muy parecido al de Final Fantasy V por cierto, amigable y simpático, hará que en seguida empaticemos con él gracias a sus múltiples y graciosas animaciones. Si os digo que el apartado gráfico no
tiene nada que envidiar a algunos juegos de 16bits, tenéis que creerme o bien comenzar una partida que, dadlo por hecho, no os permitirá dejarla a medias. Ya sea buscando el emblema de turno en las mazmorras (que desembocarán en un poderoso jefe final), o algún objeto o habilidad que nos permita superar un obstáculo insalvable, la capacidad de adicción del juego se hace notar cuando las horas pasan como si fuesen minutos en ese espectáculo hechizador que es
el mundo de Sylvalant. Aunque los templos tienen un aspecto mucho menos preciosista, más tosco y menos amigable que los espacios abiertos, también serán capaces de cautivarnos y engancharnos. Existen, repartidos por el mundo, multitud de ítems que deberemos recoger y almacenar para usar en el momento adecuado, unos objetos fantásticos, sorprendentes y de inteligente uso que nos abrirán el camino en el momento más oportuno.

Es complicado de explicar, pero pese a que el juego no hace gala de demasiada profundidad argumental, como ya he comentado, su esencia interior es bien distinta, y consigue atraparte desde el primer minuto, sea debido a su sencillez de manejo o a la claridad de los objetivos. Ya que no encontraremos muchos textos con los que identificarnos emocionalmente, ni demasiadas relaciones
personales entre el héroe principal y el resto de seres, debemos buscar esos sentimientos en la cálida expresividad de cada uno de sus parajes, sus adorables rincones y especialmente en esos momentos que quedan grabados en nuestra mente como las ruinas bajo el mar. Pero también hay mucho que extraer de su banda sonora. De hecho, es uno de los aspectos que más me han llegado del conjunto audiovisual. Saori Kobayashi ha demostrado ser con el paso del
tiempo una compositora genial, trabajando en las últimas entregas de Panzer Dragoon y anteriormente colaborando en obras como Deep Duck Trouble y Sonic Drift 2. En Sylvan Tale estamos ante uno de sus primeros trabajos como creadora de la banda sonora íntegra y a pesar de esto el trabajo es ya casi impecable. Toda esa magia, colorido y aura especial con la que el mundo del juego se
creó, fue captada a la perfección en cada uno de sus cortes. Y no solo se adaptan a la perfección al estilo y “color” de cada lugar, sino que además los complementan perfectamente, añaden ese toque de profundidad que los hace tan encantadores y les dan una nueva dimensión. Ya desde la música de la pantalla de presentación, nos damos cuenta de que estamos ante una banda sonora superior a la media en consolas de 8 bits. Con absolutamente todos y
cada uno de los limitados recursos de Game Gear, temas como los que suenan en campo abierto, en la introducción (fijaos que aire más triste…) o en los pocos pueblos que aparecen, brillan con luz propia. La parte más frenética y alocada la encontramos durante los combates de mayor relevancia, y les suben el ritmo y la sensación de peligro. Y sobre todo, me ha encantado la sensación de nostalgia que me han producido algunos de ellos, con notas y pasajes muy dulces y apacibles.
Hay mucha vida en cada una de sus notas aventureras y estimulantes, que en ocasiones pueden recordar a algún Zelda o algún juego de la saga Mana, pero que tienen una personalidad muy propia. Los efectos sonoros ya resultan un poco más apagados y convencionales, aunque la variedad sigue estando presente al igual que en cada uno de los temas. Fanfarrias y sonidos consiguen representar perfectamente cada acción que los necesite.

Con tantos elementos a su favor, es una lástima que no dispongamos de más pueblos para visitar (aunque los que hay son encantadores) y ya por pedir, unas cuantas horas más de duración para disfrutar, ya que la aventura termina demasiado pronto y no va acorde con su calidad. Eso sí, la recta final es tan exigente como emocionante, y gracias a la intensidad de estos momentos da la impresión
que hemos jugado más tiempo del que parece. Se echan en falta, al menos para mi gusto personal, más elementos de RPG japonés, como evolucionar en nivel de experiencia o en armamento, más personajes y eventos que alimenten la trama, más pueblos y más variedad de enemigos. Pero por otra parte, nunca está de más vivir una aventura tan frenética y directa como esta, sin combates
que corten el ritmo ni tantas cifras de las que depender, y que posea tantos elementos deliciosamente clásicos (por ejemplo la eterna cueva tras la cascada o las paredes falsas). Sylvan Tale se convierte pues en un reto apropiado para casi cualquier jugador, pero especialmente ideal para aquellos que no se han iniciado en el género o no son muy amigos de los Action RPG / Aventura. Tanto a unos
como a otros podría cambiarles su modo de pensar. Es especialmente recomendable si te gusta la saga Zelda, ya que es muy probable que le cojas cariño de forma casi inmediata, pues su mecánica tiene claras referencias a ella. Por si fuera poco, es un juego producido y desarrollado por la propia Sega, lo cual ya es una garantía de calidad que no decepciona en ningún momento.

- Lo Mejor del Juego: Su mecánica da pie a la exploración. El control es espléndido. Sus gráficos están llenos de brillo y tiene temas muy melancólicos. La escena de la reina.

- Lo Peor del Juego: Es un poco corto. Algunos ítems podrían haberse aprovechado más. Le falta profundidad argumental y tiene acertijos concretos absurdamente indescifrables.

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