miércoles, 28 de noviembre de 2012

Shenmue II (Dreamcast)

Una pareja de ancianos recibe con su música a Ryo en el puerto. En el mismo instante en que Ryo embarca para dejar atrás la tierra que le vio nacer comienza esta segunda parte de la trilogía inacabada, probablemente, una de las historias más místicas que se han contado y también una de las que menos justicia ha recibido. Con la venganza como única y obsesiva prioridad, Ryo se adentra en el país de Hong Kong para continuar la búsqueda que dejó en vilo a toda una generación de usuarios de Dreamcast, aunque este Shenmue II no se hizo de esperar, y llegó poco tiempo después de la primera parte para no dejar que se enfriara la tensión ni el ansia por conocer más sobre esta trama de venganza llena de folclore oriental. Porque realmente, si en la primera parte dije que Shenmue era un juego casi imposible de clasificar, aquí estamos en las mismas. Nada cambia en Shenmue II, pero al mismo tiempo todo es mejor, rozando la perfección de una forma que nadie pensaba que sería posible tras disfrutar de una primera parte que conmocionó el mundo de los videojuegos con su concepto increíblemente innovador.

Comparar Shenmue con Shenmue II en tamaño, duración e intensidad es como comparar una hormiga con un elefante. En el análisis de la primera parte hablé auténticas maravillas de él, y esto se mantiene, por supuesto no me arrepiento en absoluto ni reniego de nada de lo que escribí, así que sabiendo esto ya podéis ir empezando a haceros una idea de la magnitud real de Shenmue II. Si en Japón tan solo podíamos visitar un limitado número de
localidades y barrios, en esta parte todo se extiende hasta multiplicar por 10 la extensión. Incluso, de forma muy acertada, se incluyeron mapas de cada uno de los lugares que visitamos, de la laberíntica red de barrios interconectados de Hong Kong hasta el maravilloso bosque de la recta final, pasando por la enigmática y peligrosa ciudad de Kowloon, con sus enormes e interminables edificios, los cuales tendremos que recorrer de arriba a abajo y aun así siempre aguardarán sorpresas. Tardaremos días en familiarizarnos con
cada lugar, aprender sus rincones, orientarnos en cada calle, memorizar sus tiendas… para facilitar esta tarea, junto con la inestimable ayuda de los mapas, podremos ir dejando marcas en forma de equis para recordar lugares vitales o simplemente sitios donde encontrar las máquinas de bolas de juguetes que tanto fascinan a nuestro protagonista. El aire íntimo sigue envolviéndolo todo. Podemos recorrer los barrios y las calles a toda prisa para ir directamente a los sitios claves que nos harán dar otro paso en la
aventura, pero de igual manera, también podemos dedicarnos a pasear tranquilamente por las antiguas y encantadoras calles empedradas, disfrutando del excepcional diseño de cada casa y edificio, observar desde la distancia a la gente, sus hábitos de vida, sus rutinas diarias… Shenmue II pone a disposición nuestra todo este mundo prediseñado, dinámico y lleno de vida, y seremos nosotros los que decidiremos como y cuando hacer cada cosa,
pasar de los detalles para centrarnos en el objetivo principal o simplemente tomarnos cada día como una experiencia tranquila y relajada, jugando a los distintos juegos de apuestas y conversando con los viandantes hasta que llegue la noche. Esta es la verdadera magia, el estilo de Shenmue. Nadie debe llevarse a engaño y pensar que estamos ante un juego de acción desmedida como tantos otros que hoy en día saturan el abotargado mundo de los videojuegos.

Incluso a veces me da la impresión de que, más que hablar de polígonos, scroll, animaciones… se debería comentar este juego desde el punto de vista cinematográfico, utilizando la terminología de la que se sirven los críticos de cine. De hecho, así lo he pensado a lo largo de toda la aventura. La preciosa fotografía, con originales planos e inolvidables vistas, sería digna de pausarse para admirar cada detalle durante el tiempo necesario. El
titánico trabajo en el aspecto de movimientos de cámara, posicionamientos, complicados planos… hace muy fácil creer, una vez más, que este fuese en su día el videojuego más caro jamás creado y que, incluso hoy, siga sorprendiéndonos con la fluidez y naturalidad de las animaciones y la consonancia con la que todos los elementos visuales han sido creados. Todo lo que nuestros ojos, a través de los de Ryo, pueden ver en esta segunda parte ha ampliado horizontes de forma descomunal. El sistema FREE sigue teniendo básicamente la
misma funcionalidad e ingenio, pero quizá al haber aumentado el tamaño del juego de una forma tan significativa, ha sido un tanto modificado para que en esta ocasión dejemos a un lado la investigación minuciosa de los objetos y detalles concretos (como por ejemplo, la salvaje cantidad de posibilidades que teníamos en la casa de Ryo) y nos centremos más en la acción a mayor escala. Porque, como he dicho antes, este no es un juego de acción al uso, pero sí
es cierto que se le ha querido dar mucho más movimiento y el resultado final resulta más frenético que su pausada primera parte, con más situaciones espontáneas, más situaciones arriesgadas, más peleas, y más QTE (y más difíciles), pero todo sin perder el feeling que poseía la primera parte. Una forma brillante de demostrar como se puede mejorar realmente un juego sin cambiar su mecánica ni su esencia, un ejemplo a seguir que no siempre se ha cumplido en otras sagas.

Tan solo conocemos la historia de Ryo y el asesinato de su padre a manos del odioso Lan Di, pero como llegar hasta él y lo que nos deparará el camino será un misterio en el que tan solo profundizaremos avanzando y siguiendo las pistas extraídas de las conversaciones con los habitantes de las ciudades o los signos que el destino lance al protagonista. Hay tal cantidad de lugares donde podemos entrar (clubes, bares, edificios…) por todas partes, que podríamos pensar que no han sido tratados de forma tan detallista como en la primera parte, pero una vez más nos equivocamos. Prueba son, por
ejemplo, el centro comercial o los recreativos, donde una vez más podremos pasar el rato y gastar nuestro dinero, esta vez con una entrañable sorpresa como es la recreativa completa de Out Run, un juego que marcó un punto y aparte en el mundo de los videojuegos, un ejemplo más de metaficción, que en Shenmue cobra un significado como nunca antes se había visto en la historia del videojuego.

El hardware de Dreamcast nunca se vio tan tremendamente exprimido. Cuando pensábamos que Shenmue I era el máximo exponente del derroche técnico y la grandiosidad en un juego de la última consola de Sega, su segunda parte nos demostró que estábamos equivocados, mostrando lugares mucho más extensos, más variados, más abiertos, muchas más secuencias... Hay veces
que ni la potencia de Dreamcast puede cargar con todo esto, y el framerate se ralentiza, sobre todo cuando hay aglomeraciones de gente, y el popping (aparición repentina de figuras a corta distancia de nuestro punto de vista) se hace evidente en muchos casos. Pero viendo la belleza con que todo ha sido tratado, la magnitud de los escenarios, y el realismo general, es algo que se perdona sin esfuerzo. El elenco de personajes pseudo-protagonistas que conoceremos
es realmente interesante. Desde la llegada a Hong Kong hasta los últimos compases del juego en los bosques de Yingshuihe, muchas personas darán su apoyo a nuestro protagonista, como los carismáticos Ren, Joy, Wong y el eternamente buscado Yuanda Zhu. Encontrar a este último personaje será uno de los objetivos principales de la trama, y nos aclarará muchos aspectos referentes a la muerte del padre de Ryo, Iwao Hazuky.

Pero si hay un lugar que, sin duda, me ha cautivado profundamente por su belleza es el anteriormente mencionado bosque de Yingshuihe. Las largas caminatas por senderos verdes y desgastados, la admiración del bucólico entorno, las conversaciones con Shenhua, la chica que aparecía en sueños… es todo simple y pura magia, y conforman una de las rectas finales de un videojuego más bonitas que nunca he visto jamás. Habrá gente a la que le parezca una parte aburrida y falta de acción, pero a mí me ha parecido de ensueño. Los parajes que veremos serán, sin duda, los mejores y más bellos de todo el juego, con el fluir relajante de los ríos
cercanos, los animales y sus sonidos y las preciosas formaciones de los árboles, rocas y manantiales. Una comunión perfecta entre nuestra misteriosa acompañante, los sentimientos de Ryo y la propia naturaleza, un auténtico remanso de paz que ha de ser obligatoriamente disfrutado con la mayor de las calmas, sin dejar que el ansia por conocer el final de la segunda parte nos impidan saborear ese momento tan especial.

La música forma parte inseparable de este perfecto conjunto audiovisual. De hecho, es una de las que más me ha impactado, la dulzura de sus melodías encaja a la perfección con todo el espectáculo de naturaleza que se despliega ante nuestros ojos. Son muchos los compositores que se han encargado de dar vida a la banda sonora de Shenmue II, pero entre ellos destaca un nombre: Yuzo Koshiro. El indiscutible sentimiento oriental del juego se
hace muy patente en cada una de las melodías del juego. Así, como ya ocurría en la primera parte, muchos de los temas que suenan lo hacen de forma que quedan en un segundo plano, tal vez de forma intencionada, pero sin las cuales nada sería lo mismo. Una banda sonora repleta de instrumentos tradicionales, delicadísimas melodías folclóricas que estarán con nosotros desde los grandes
barrios hasta dentro de cada edificio o apartamento, el número de temas es gigantesco. Si bien la variedad temática puede parecer limitada por ser la mayoría de canciones de un estilo muy parecido, cada una tiene una personalidad que, pese a lo escondidas que están algunas (en cuanto a protagonismo) nos acabaremos fijando en ellas. En ciertas situaciones la belleza compositiva de los temas llega a ser tal que la acción que estemos
realizando será una simple excusa para deleitar nuestros oídos con una banda sonora embriagadora, que me ha gustado incluso más que la de la primera parte, y la razón es que me parecen unas piezas más llenas de pasión y de emotividad, de una sutileza arrolladora y llenas de una inspiración que solo puede provenir de los más grandes compositores. La mejor de todas ellas, la que suena durante nuestro trasiego por el bosque, puede llegar a conseguir que se te salten las lágrimas.

Quizá el error más imperdonable del juego no se le pueda achacar precisamente a él mismo. Se me parte el alma cada vez que pienso en el final de esta maravilla llamada Shenmue II y en cuanto echaré de menos su increíble y absorbente experiencia que llega casi hasta la obsesión… pero todavía me duele más ver como cada día que pasa, desde hace ya más de diez años, se alejan más y más las esperanzas de que una nueva joya que se ha de llamar Shenmue III
continúe la historia que Yu Suzuki dejó a medias y el legado de uno de los videojuegos que más claramente nacieron para ganar, para crear culto y escuela, una luz que brilla con tal intensidad que nunca se apaga, pero que su creador ha dejado de lado mientras, de forma silenciosa, todos nos encomendamos a la suerte y al destino para que un día nuestros sueños de ver a Ryo consumar su venganza se conviertan, por fin, en una gloriosa realidad.

- Lo Mejor del Juego: A diferencia del anterior, es un juego larguísimo y con una variedad de situaciones increíble. Algunas piezas musicales son sublimes. El tamaño del mapeado.

- Lo Peor del Juego: En lugares abiertos la fluidez se limita. Tantas cargas agobian en ocasiones. Pero en realidad lo peor es que probablemente nunca conoceremos el final de la historia…

3 comentarios:

Diego Guerrero dijo...

Con cual de los dos te quedarias? yo creo que con el primero tio.

JaviMetal dijo...

Pues ¿sabes? Me ha pasado algo extraño esta vez. La primera vez que los jugué, sin duda me hubiese quedado con el primero. Pero esta vez me inclino más hacia el segundo. Yo creo que la verdadera esencia de Shenmue reside con más fuerza en el primero, no se si me explico, es más compacto, más íntimo y sobre todo, más alejado de cualquier otro juego hasta su fecha. Pero esta vez con Shenmue II se me ha quedado mejor sabor de boca, es un juego más dinámico, mucho más variado y sobre todo más largo e intenso. Es posible que pierda un poco esa personalidad tan arrolladora que tenía su precuela, pero haciendo una valoración global, me quedo con el segundo por poco.

En cualquier caso, sea como sea, no se puede entender Shenmue I sin su segunda parte y mucho menos al contrario. Y, desgraciadamente, ambos no se pueden entender del todo sin una tercera parte por la que muchos fanáticos del juego, entre los que me cuento, nunca dejaremos de reclamar.

Franco Sanchez dijo...

Seguramente te agarro algo con el anuncio de la tercera parte jaja

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