domingo, 3 de octubre de 2010

Paper Mario 2: La Puerta Milenaria (GameCube)

Antes de que el tiempo me haga olvidar las muchas y fantásticas sensaciones que me ha producido este Paper Mario 2: La Puerta Milenaria, incluso antes de que se borre de mi mente cualquier detalle, por pequeño e insignificante que sea, de esta magnífica aventura, voy a dejar constancia, como siempre, de un resumen de las innumerables horas que he pasado enganchado al mando de mi Gamecube con este juego, que hace tan solo escasos minutos que he terminado por segunda vez… y puede que no sea la última. Intelligent Systems es una compañía desarrolladora interna de Nintendo que se dio a conocer en el mundo de los videojuegos con sagas del calibre de Metroid, Advance Wars, Fire Emblem o esta que nos ocupa, la del Mario de papel, que a fecha de hoy ya va por su tercera entrega, si bien cabe señalar que Super Paper Mario para Wii se aleja estilísticamente de las dos primeras entregas, centradas casi al 100% en el género RPG, mientras que la tercera parte tiene abundantes toques plataformeros y esencialmente podría decirse que es un refrito del juego que nos ocupa.

Partiendo de la base que asentó el primer Paper Mario para Nintendo 64, esta segunda parte, aunque argumentalmente no tiene nada que ver con su antecesora (aunque si encontraremos varios guiños a lo largo del desarrollo), coge los elementos que hicieron grande a Paper Mario y los eleva hasta su máximo esplendor.
Tampoco se puede hablar de revolución como tal. Gráficamente el titulo mantiene totalmente la esencia, personajes, ítems y escenarios creados a partir de la idea de un mundo de papel en dos dimensiones pero haciendo un uso muy inteligente de este recurso y que le da un aspecto muy simpático y accesible. El colorido, como viene siendo marca de la casa, es espectacular, aunque siempre habrá a quien le parezca demasiado saturado. Hablando de efectos especiales tampoco encontramos ninguna maravilla, pero lo cierto es que
muchos de ellos quedan muy resultones, como los giros de los sprites como si de un trozo de papel se tratara, o las habilidades que Mario puede adquirir, poniéndose de lado para pasar estrechos pasadizos, transformándose en un avión de papel para volar, en un barco para surcar las aguas o en un rollo de papel para que no nos dejemos ni un hueco del mapeado para explorar.

La variedad, una vez más, se sale, pasando desde la clásica llanura verde que aparece en casi todas las entregas del fontanero italiano, hasta lugares que, al menos a mí, me han dejado huella. Los de Intelligent Systems, junto con Nintendo, han llevado al límite las cuotas de imaginación, con escenarios que son una autentica pasada y todo un regalo para la vista. Particularmente, me enamoró a primera vista el Bosque Maravilloso, un lugar de ensueño multicolor con arboles en blanco y negro, un bucólico escenario que evoca misticismo que junto a la lúgubre y tétrica ciudad de Villa Sombría se llevan la palma. Pero no son ni mucho menos los únicos momentos estelares del juego en este sentido, no puedo dejar de nombrar sitios como el gran árbol, la ciudad nevada Bomburgo o lugares de diseño más simple pero igualmente sorprendentes como la Luna. La
verdad es que es un apartado para cuyo resumen se me queda corto el espacio del que dispongo, ya digo, no especialmente en el aspecto técnico, pero sí en el imaginativo y en el artístico. Aparte de esto, vale la pena destacar también ciertos aspectos como los cientos de sprites simultáneos que pueden llegar a aparecer en pantalla, y la calidad de estos, aunque muy de vez en cuando se observan ligeras ralentizaciones.

Un apartado tan esencial como la banda sonora, es en uno de los que más me fijo yo a la hora de valorar un juego porque considero que sin una buena ambientación, sin que la música te sepa transmitir el alma de los lugares por donde pasas, todo el trabajo gráfico y jugable se quedaría cojo. A pesar de que no ha sido el maestro Koji Kondo quien se ha encargado de componer los temas que nos acompañaran a lo largo del juego, hay que decir que Yoshito Hirano y Yuka Tsujiyoko han creado un apartado musical que agradará a todo el mundo por eso mismo, porque se adapta como anillo al dedo a las situaciones en los que nos veremos involucrados. Tanto las
apagadas y casi ambientales melodías que suenan en Villa Sombría y sus alrededores, el bosque y el colosal Templo Lúgubre, que realmente inspira una sensación de canguelo, como las más alegres, casi como las de toda la vida de cualquier juego de Mario; las podemos encontrar en Ciudad Dojo o en Villa Verde, el pueblo de los Koopa. Pero en mi opinión, si buscamos el momento álgido en el juego, lo encontramos cuando hacemos el viaje en tren hacía Villa Preciosa. Creo que es donde realmente han clavado el espíritu del momento en la banda sonora, una composición de piano
seguramente basada en el cine mudo de los años 30, que para más credibilidad, se ha dotado con una especie de filtro que hace que realmente parezca una música “envejecida” haciéndonos creer que viajamos en un expreso de los de la época y dando sensación de que hay una especie de magia en el ambiente realmente inolvidable que podrás (y deberás) disfrutar a cada segundo.

Los efectos de sonido, como no podía ser de otra manera con un juego de Nintendo, no solo complementan a la perfección a las melodías, sino que son de una originalidad y calidad tremendas. El sempiterno doblador de Mario, Charles Martinet, nos vuelve a sacar una sonrisa con cada conversación que mantiene nuestro héroe y cada gesto que hace, y sin ni siquiera soltar una sola palabra. Hay que tener talento para conseguirlo. En general, mantienen el ambiente fresco y divertido del juego y es que es un apartado que siempre se han tomado con mucho humor pero con gran calidad los de Nintendo. Cada pisotón, cada golpe, cada personaje e incluso cada una de las superficies que pisamos tienen sus propios efectos que brillan con luz propia.

Creo que me quedo ya corto de espacio y todavía no he hablado de lo que viene a ser el desarrollo, uno de los puntos fuertes del juego. Dividido en 8 capítulos, se podría decir sin temor a equivocarnos que cada uno de ellos, aparte de ser totalmente distinto al anterior y al siguiente, está desarrollado con un mimo y una atención que en algunos casos podríamos estar hablando de una mini-aventura aparte dentro del mismo videojuego. La capacidad de sorpresa e intensidad aumenta conforme avanzamos, pero sin duda han sido dos los que a mi parecer se pueden llevar el titulo de
los mejores episodios vistos en un Paper Mario, y es que sigo pensando que esta es la mejor entrega de toda la saga. En Ciudad Dojo tendremos que desentrañar un misterio que ya quisieran para sí muchas novelas de Agatha Cristie, resolviendo entresijos, encontrando pistas, avanzando poco a poco… y todo ello mientras combatimos en un torneo de lucha libre para poder ganar el premio, que viene a ser un cristal estelar, uno de los 7 que Mario debe encontrar para así poder abrir la puerta milenaria y encontrar el tesoro de Villa Viciosa… o al menos eso es lo que cree él al principio. Cada lugar tendrá su propio cristal. Y una vez más, debo insistir en el capitulo en el
cual vamos a bordo del Ricachón Express, que me ha cautivado hasta los huesos. Si antes enumeraba las excelencias de su banda sonora y su ambientación, la mini-aventura que tendrá lugar a bordo es lo que redondea el conjunto; una vez más veremos a Mario resolviendo intrigantes e interesantes misterios como si del mismísimo Sherlock Holmes se tratase al son del traqueteo del tren al pasar por las vías.

Son también muchas las ayudas con las que cuenta nuestro fontanero favorito para llevar a buen puerto la aventura. Por una parte, los siempre útiles ítems, que van desde las típicas setas o bebidas para recargar puntos flor o puntos de poder estelar (con los que podremos realizar devastadores ataques en las batallas) hasta medallas que irá consiguiendo, y que dependiendo como repartamos los puntos para equipar unas u otras, le
otorgaran a Mario muchas ventajas sobre sus enemigos. Por otra parte, tendremos a nuestro lado a fieles compañeros que podremos cambiar de acuerdo con las necesidades, ya que cada uno de ellos poseerá distintas habilidades que nos serán imprescindibles en algún momento de la aventura, como Claudia, un espíritu del viento, o un pequeño yoshi recién nacido, pequeño pero matón.

Se nos antoja, con todo, un titulo irresistible y casi irrepetible, un vicio absoluto que no te dejara soltar el mando ni un segundo. Y por si fuera poco no vayáis a creer que el juego es corto, ni mucho menos. De hecho, puede durar tanto como se quiera alargar. Si lo quieres llevar al límite no te defraudará… 75 horas y pico he tardado yo en coleccionar todas las medallas, anotar en la lista de Goomarina todos los enemigos del juego, encontrar todas las piezas estrella, descubrir todos los platos que puede cocinar T. Nancy… en fin, toda una odisea con el sello de calidad inconfundible de Nintendo e Intelligent Systems.

- Lo Mejor del Juego: La maestría que demuestran los programadores para hacer de cada minuto del juego un prodigio de frescura y simpática. La fase del tren me ha cautivado para siempre. Dificultad perfectamente equilibrada. El afilado humor que destilan los diálogos.

- Lo Peor del Juego: Tal vez resulte un tanto infantil para algunos y también acabaremos un poco hartos de la música de las batallas... Pero en realidad, son detalles sin importancia…

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